• La Iglesia episcopaliana aplaza la elección del padre Gene Robinson Los conservadores amenazan con un cisma «insalvable»
MERCEDES GALLEGO/CORRESPONSAL. NUEVA YORK
Los obispos conservadores de la Iglesia episcopaliana pasaron la noche del domingo al lunes en vela, rezando para que sus colegas no ratificasen ayer el nombramiento del primer obispo gay, elegido la víspera por clérigos y laicos. La respuesta del creador les llegó por Internet, con un e-mail en el que se acusa al obispo adjunto de New Hampshire de «tocamientos impropios» hace varios años, lo que ha servido para paralizar la votación.
«Cada vez que conversaba con él ponía las manos sobre mí de forma inapropiada», dice el firmante David Lewis.
El e-mail, fechado el mismo domingo y dirigido al obispo de Vermont, Thomas Ely, recibió una atención tan expedita que ayer mismo se paralizó de forma indefinida el proceso por el cuál la cámara alta del cuerpo episcopal probablemente hubiera ratificado la decisión de las diócesis, a las que normalmente no contradicen. Robinson, abiertamente homosexual, ha superado todos los escalofones de la elección y sólo pende de la ratificación. La guerra sucia ya le había tocado a través del portal de Internet de una organización para orientar homosexuales que fundó hace años, y que al parecer tiene una conexión con otra página de material erótico.
En sus oraciones, los obispos convocados por el Consejo de los Anglicanos Americanos pedían la intercesión del Creador en la decisión de sus compañeros para evitar lo que consideran será una debacle para su iglesia y acarreará un cisma insalvable con el resto de las instituciones anglicanas, repartidas en 164 países.
El reeverendo de 56 años, divorciado, padre de dos hijos y compañero sentimental de Mark Andrew, con el que ha compartido los últimos doce años. cuenta con el apoyo de su hija mayor Ella, de 21 años, que le ha acompañado durante la 74ª Convención General que se celebra en Minneapolis (Minnesota), para decir que «es un buen hombre y buen padre».
«Sé que esta decisión es dolorosa para muchos de nosotros -admitió el religioso-, pero los gays y lesbianas de la Iglesia han sufrido mucho por no sentirse incluidos en ella». La Iglesia episcopaliana protestante se separó de la anglicana de Inglaterra con un cuerpo propio en 1789, precisamente para adaptar sus normas a las circunstancias de las entonces colonias de Estados Unidos. Actualmente sus 2,3 millones de fieles forman parte de la llamada Comunión Anglicana, que integra a 73 millones de personas de todo el mundo.
Amenazas incumplidas
La mayor revolución de esta Iglesia en el último medio siglo fue la aceptación de las mujeres sacerdotes en 1976, que se consolidó en 1989 con la ordenación de Barbara Harris.También entonces, recuerdan los que están a favor, los obispos conservadores amenazaron con un cisma que no llegaron a hacer realidad.
El caso de Robinson se extrapola a toda la sociedad por ocurrir en un momento en el que se ha abierto con intensidad el debate sobre los matrimonios del mismo sexo. Fue el Tribunal Supremo de Texas el que abrió el 27 de junio la caja de Pandora con una sentencia que despenalizaba la sodomía, considerada una conducta sexual desviada y legalmente castigable en doce de los 41 Estados de la Unión Americana.
Alarmado con la posibilidad de que sea un paso en favor de la legalización de los matrimonios gays, el presidente George W. Bush planea modificar la Constitución para prohibirlos expresamente, pese a que su antecesor Bill Clinton ya lo hizo hace siete años con la llamada Ley de Defensa del Matrimonio, a cuya guerra se ha sumado el Vaticano.
EL CORREO. Martes, 5 de agosto de 2003
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