Un arzobispo odiado por los más fieles

• Williams no cree en la literalidad de la Biblia y sospecha que él mismo es un impostor

GURRUCHAGA/LONDRES

El pasado 27 de febrero, ante la jefa de su Iglesia, la reina, y todas las autoridades del Estado británico, Rowan Williams, recién ataviado con las galas y báculo como centésimo cuarto arzobispo de Canterbury, inició su sermón de la seguiente guisa: «Se ha dicho en ocasiones que, si alguien se te acerca en la calle y te susurra al oído: ‘¡Corre! Te han descubierto’, nueve de cada diez entre nosotros echaría a correr».

El nuevo primado anglicano parece resignado a impartir su fe en un mundo con tan alta proporción de impostores y esa aceptación de lo fraudulento en la naturaleza humana le ha creado serios problemas con sus correligionarios.

Blasfemo

El movimiento ‘Church Society’ (Sociedad de la Iglesia) le pidió que no aceptase al cargo por considerar que sus escritos y sermones están en contra de las enseñanzas de la Iglesia que ahora encabeza. Los ‘evangelistas’ acusan a Williams de insultar a Juan, autor del Libro de la Revelación, al afirmar que esa parte de la Biblia contiene «página tras página de fantasía paranoica». Los ‘evangelistas’, defensores de la literalidad del texto bíblico como palabra de Dios, consideran que un blasfemo lidera su iglesia y la decisión de no oponerse a la ordenación de un obispo gay les empuja a plantearse su abandono inmediato de esa confesión.

Williams ha generado controversia desde antes de su entronización. La BBC (radiotelevisión pública) le invitó tras su nombramiento como primado a pronunciar una de sus lecciones magistrales ante las cámaras. Buena parte de la selecta audiencia fue filmada mientras batallaba contra la somnolencia o la perplejidad, escuchando una enrevesada reflexión del arzobispo sobre la aparición de los Estados-mercado, analizados por Philip Bobbitt. Hubo quejas porque el arzobispo se entrometiese tan intensamente en la política. Pero el politólogo norteamericano felicitó a Williams por el rigor con el que había comentado los conceptos acuñados en su obra.

EL CORREO, Domingo, 29 de junio de 2003

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